martes, 23 de abril de 2013

LA LEYENDA DEL CALAFATE




LA LEYENDA DEL CALAFATE

El mito de Calafate es una historia contada por los tehuelches y selknam (onas), indígenas de la Patagonia y Tierra del Fuego, que fue adoptada en el folclore de Argentina y de Chile. Intenta explicar el origen de la planta de calafate.

Existen dos versiones principales. Una cuenta la historia de un amor entre dos jóvenes de tribu distintas, y se conoce en Chile y Argentina; la otra, habla de una anciana tehuelche abandonada, y se cuenta en Argentina. 
El mito cuenta que un jefe tehuelche tenía una hija llamada Calafate que era lo que él más amaba. Ella era una hermosa joven de ojos dorados y siempre había obedecido en todo a su padre. Pero las cosas cambiaron cuando el clan de Calafate recibió a un joven selknam para que estuviera a prueba entre ellos y superara el kloketen o rituales de iniciación para convertirse en hombre. 
Pronto surgió el amor entre los dos jóvenes y pensaron en irse juntos, a pesar de que los tehuelches solían menospreciar a los selknam y el jefe se oponía rotundamente a la unión. Por sus tradiciones, no podían dañar al muchacho durante el kloketen y para evitar que siguieran con su relación, al padre de Calafate no le quedó más remedio que pedir ayuda al chamán. Éste le respondió que no podría hacer que se acabara su amor, pero sí podría mantenerlos separados para siempre. 
La muchacha fue transformada mediante magia en una planta espinosa que nunca antes se había visto en esas tierras, pero que tenía flores doradas como los ojos de Calafate. Por muchos meses el joven vagó por la estepa buscando a su amada y los espíritus lo ayudaron, convirtiéndolo en una pequeña ave que podía recorrer con más velocidad las grandes extensiones patagónicas. Un día de verano, el joven metamorfoseado se posó en un arbusto que no había visto antes y al probar sus frutos se dio cuenta de que eran tan dulces como el corazón Calafate. Así lograron reencontrarse después de haber creído que no sería posible. 
Una variante de esta historia cuenta que Calafate era una joven selknam y que el joven era un prisionero yagán atrapado en las costas de Tierra del Fuego. 
En la Patagonia se cuenta que el embrujo de Calafate permanece en los frutos de calafate y que quien los coma una vez no dejará de regresar al lugar en que lo hizo. 
Es por eso que la leyenda dice: "El que come Calafate, siempre vuelve por más".

La verdadera historia del semidios y de la ninfa que por amor se convirtió en sirena




La verdadera historia del semidios y de la ninfa que por amor se convirtió en sirena

Odracir era una reencarnación, el 5º varón al que una ninfa había insuflado la esencia de su amado. Éste se llamaba Janófaro, era un joven y bello marinero eritreo, hijo de la sibila del lugar, que, minutos después de concebirlo, supo que el fruto de su amor con el dios Apolo sería un semidios inteligente y hermoso, y que ello despertaría pronto las envidias entre seres mortales y divinos. Por ello, para proteger a su retoño, decidió ocultar el embarazo y contó a todos que al hermoso niño que llevaba entre sus brazos, de ojos azules como el mar, lo había encontrado en las orillas del mar Jonio.
Pero Janófaro había nacido de madre mortal una noche de conjunciones astrales favorables, durante el equinocio de primavera, y de sus progenitores había heredado la belleza de su padre, el dios Apolo, y la inteligencia y el don de gentes de la sibila eritrea, y de la tierra en la que nació había respirado la sabiduría de los maestros de la escuela Jonia, la que reunió a Tales, a Parménides, a Anaximandro y a los mas sabios de todos los presocráticos.
El semidios, ignorante de su auténtico origen, siempre creyó que él había surgido de las aguas. Por ello salía cada mañana a ver el mar, a buscar sus vientos, amaba la tempestad y el oleaje, adoraba a los peces, las aves marinas y los crustáceos. Pensaba que su madre era una ola y su padre un delfín. No temía navegar con terribles tormentas porque, esta aparente ira, era para él su energía vital. Terminó aprendiendo el lenguaje de las aves, sabía cómo predecir tormentas y el color exacto que el cielo tendría al día siguiente.
Janira (o Yanira), la ninfa etérea, una de las hijas de Nereo, el antiguo dios del mar, en uno de sus paseos por la orilla vio un día reflejado el hermosísimo, sereno y tierno rostro de Janófaro, el mas bello que jamás contempló, y se enamoró de él. Todas las mañanas acudía a observarlo, pero él no la veía porque era incorpórea, sólo tenía espíritu.
La ninfa, viendo la plenitud del dueño de su corazón y su pasión por el mar, pensó que si se le aparecía en forma de sirena sería fácil conquistar su amor. Janira era muy hermosa, de piel blanca y ojos verdes, aunque sólo era visible para las deidades, y el dios Apolo la pretendía de forma insistente. Un día Janira ya no pudo aguantar mas y le confesó que lo rechazaba porque estaba enamorada de un mortal jonio bello y tierno. Apolo buscó uno de los rayos del Olimpo, y cuando la ninfa tomó forma de sirena, loco de celos, clavó a Janófaro, su propio hijo, un rayo mortal.
Su madre, la gran sibila, sólo llegó a tiempo de llorar el cadáver y de maldecir a Apolo por su horrendo crimen. Cuando el dios se enteró que era su hijo, arrepentido, intentó salvarlo, pero sólo pudo recuperar su esencia. Iracundo y violento negó a la sibila, echó una maldición a quien osara escribir sobre el asunto y en un instante de lucidez, tras el inmenso dolor que tenía, entregó a Janira la esencia de Janófaro. Le concedió el don de poder verlo sólo una vez cada 100 años, y por ello la hija de Nereo vaga errante por la costa buscando una mujer preñada de rostro mediterráneo, como el de la sibila, en la que insuflar la esencia del semidios, con la esperanza de poder volver a verlo.
En el pergamino que la sibila entregó en la Biblioteca de Alejandría aparecía, según recordaba Calímaco, una frase final, a modo de advertencia y de señal, para todas las madres cuyos hijos se parezcan a Janófaro, para que sepan que son herederos de una antigua y culta raza de semidioses, de la dinastía de las mujeres adivinas y también para que invoquen a las fuerzas cósmicas con la secreta esperanza de que nunca una bella ninfa con forma de sirena los mire y se enamore de ellos.