miércoles, 2 de enero de 2013

INDIA MARA.




INDIA MARA.

Antes de  que llegaran los frailes a sacar a los indios de los montes sagrados, las aguas de los caños eran azules como el cielo y sus tierras eran buenas, fértiles y se podía caminar con seguridad pues no eran barrosas.
Mara,  era una hermosa joven indígena de la tribu de los Guaraunos, hija del cacique Guarumo y la cacica Majagua.
Cuando decidieron marcharse de sus tierras que estaban ubicadas entre los caños del Golfo,  para ir en pos del fraile Silvestre, Mara  les dijo dulce a sus padres:
Padres míos yo no quiero desobedecerles a ustedes, pero yo no quiero marcharme de mis tierras, allá no es seguro y aquí nos protege el Dios de estas aguas que son tan limpias como los ojos del cielo.
Hija mía (le dijo el cacique tratando de convencerla) tu sabes que ese señor de piel blanca ha venido a traernos buenas nuevas y nos ha prometido un Dios de verdad que nos traerá paz, gozo y otras tierras donde podremos cultivar todo el maíz y la yuca que queramos. 
Mara se entristeció mucho y enojándose con sus padres les dijo gritándoles.
¡Eso es mentira! ese hombre es un demonio blanco que ha venido desde el sol, disfrazado de Dios para engañarnos y robarnos nuestras almas, ¡no quiero irme!
El cacique molesto por aquella afirmación de Mara endureció la cerviz y levantó la mano para azotar a su hija, pero se contuvo, porque la amaba mucho. Su esposa la cacica Majagua le dijo, mirando fijamente el suelo.
Yo se que nuestra hija nos esta desobedeciendo y eso esta en contra de nuestras costumbres, me duele mucho el alma y se me parte en pedazos mi corazón. (Al susurrar esto se abraza al cacique para luego terminar diciendo) nuestra hija debe ser castigada con el destierro, si no lo hacemos seremos castigados por el Dios de las aguas y vendrán los dioses de la tierra de los muertos a castigarnos. Nuestra aldea pagará las consecuencias de nuestra desobediencia.
Guarumo se abraza dolido a su esposa y mirando por última vez a su hija Mara dice: desde esta noche haremos una velada que durará tres días y tres noches. Anda ve y dile a la tribu que nos reuniremos cuando la luna raye las copas de los árboles y le hablas al piache y le da mis instrucciones para que haga los preparativos, mañana antes que despunte el sol deberá de llevarse a nuestra hija con destino al destierro, allá en la isla Punta de Arena, donde permanecerá hasta que el dios de las almas y del mas allá venga . 
Al escuchar las toscas palabras de Guarumo, su padre el cacique, la tierna Mara se puso muy triste, sintió que el corazón se le desgarraba en pedazo y enrollándose en el chinchorro donde dormía lloró desconsoladamente.
Su madre cuando se despidió de Mara le dijo con ternura:
Hija mía te llevas mi corazón, aunque te voy a perder para siempre estarás a mi lado. Todas las noches te prenderé una fogata frente de mi Choza, allá en las tierras de los blancos para iluminarte el camino en la distancia y que algún día puedas volver a casa, pero si algún día regresas traerás una maldición contigo, son los designios de nuestras costumbres.
Mara se aleja junto al Piache de la tribu para nunca más regresar.
Ocumo, el hijo del Piache estaba enamorado de Mara y decide partir detrás de ellos. (La leyenda dice que Ocumo no llega a encontrarse con Mara (cosa que es falsa) ya que el Piache tampoco dejaría a su hijo bajo el Yugo del invasor español… El piache Guarauno decide salvar a los amantes y a los hijos de sus ojos: Mara y Ocumo…
De esta manera Mara logra vivir en libertad junto al Piache y su hijo (Ocumo) lejos de la tierra natal.
Los conocimientos Piaches fueron traspasados a Mara y a Ocumo, lo cual les permitió vivir Ocultos hasta muy avanzada edad.
La decisión de no tener descendencia fue una de las más importantes para Mara. Ella no permitiría que sus hijos perdieran la libertad!…

LEYENDA DE LA NINFA DEL ECO




LEYENDA DE LA NINFA DEL ECO.

Eco era una ninfa que habitaba en el bosque junto a otras ninfas amigas y le gustaba cazar,  por lo cual, era una de las favoritas de la diosa Artemisa.
Eco era realmente hermosa. Pero tenía un grave defecto, era muy conversadora. Y además,  en cualquier conversación o discusión, siempre quería tener la ultima palabra.
Cierto día, la diosa Hera salió en busca de su marido Zeus, el cual le gustaba divertirse entre las ninfas. Cuando Hera llegó al bosque de las ninfas, Eco la entretuvo con su conversación mientras las ninfas huían del lugar.
Cuando Hera descubrió la trampa la condenó diciendo:- Por haber engañado mi lealtad, en este momento perderás el uso de la lengua. Y ya que te gusta tanto tener la última palabra solo podrás responder con la ultima palabra que escuches. Jamás podrás volver a hablar en primer lugar.
Eco, con su maldición a cuestas , se dedicó a la cacería , recorriendo montes y bosques.
Un día,  vio a un hermoso joven llamado Narciso y se enamoró perdidamente de él . 
Deseó fervientemente poder conversar con él, pero tenía la palabra vedada. Entonces comenzó a perseguirlo esperando que Narciso le hablara en algún momento.
En cierto momento, en que Narciso estaba solo en el bosque y escuchó un crujir de ramas a sus espaldas ,gritó:- ¿Hay alguien aquí?
Como Narciso no vio a nadie volvió a gritar: Ven , y Eco contestó: Ven.
Y como nadie se acercaba, Narciso dijo:- ¿Por qué huyes de mí? Unámonos La ninfa, loca de amor se lanzó a  sus brazos diciendo: Unámonos
Narciso dio un salto hacia atrás diciendo:- Alejate de mi! Prefiero morirme a pertenecerte!
Eco respondió:- Pertenecerte.
Ante el fuerte rechazó de Narciso, Eco sintió una vergüenza tan grande que llorando se  recluyó en las cavernas y en los picos de las montañas. 
La tristeza consumió su cuerpo hasta pulverizarlo. Solo quedó su voz para responder con la última palabra a cualquiera que le habla.
Narciso no solo rechazó a Eco, sino que su crueldad se manifestó también entre otras ninfas que se enamoraron de él. Una de esas ninfas, que había intentado ganar su amor, sin lograrlo, le suplicó a la diosa Hera que Narciso sintiera algún día lo que era amar sin  ser correspondido y la diosa respondió favorablemente a su súplica.
Escondida en el bosque, había una fuente de agua cristalina. Tan clara y mansa era la fuente que parecía un espejo. Un día Narciso se acercó a beber y al ver su propia imagen reflejada pensó que era un espíritu del agua que habitaba en ese lugar. Quedó extasiado al ver ese  rostro perfecto. Los rubios cabellos ondulados, el azul profundo de sus ojos , y se enamoró perdidamente de esa imagen.

Deseó alejarse, pero la atracción que ejercía sobre él era tan fuerte que no lograba separarse.
Muy por el contrario deseó besárlo y abrazarlo con todas sus fuerzas. Se había enamorado de si mismo.
Desesperado, Narciso comenzó a hablarle:-¿ Por qué huyes de mí, hermoso espíritu de las aguas? Sí sonrío, sonríes. Si estiro mis brazos hacia ti, tú también los estiras. No comprendo.
Todas las ninfas me aman, pero no quieres aceptarme,- Mientras hablaba una lagrima cayó de sus ojos. La imagen reflejada se nubló y Narciso suplicó : - Te ruego que te quedes junto a mí. Ya que me resulta imposible tocarte, deja que te contemple.
Narciso continuó prendado de si mismo. Ni comía, ni bebía por no apartarse de la imagen que lo enamoraba hasta que terminó consumiéndose y murió.
Las ninfas quisieron darle sepultura, pero no encontraron el cuerpo en ninguna parte. En su lugar apareció una flor hermosa de hojas blancas que para conservar su recuerdo lleva el nombre de Narciso.

La princesa y el Dragón




La princesa y el Dragón.
Cuando el amor invade nuestro corazón, no tiene fronteras.

En un país muy lejano, allá donde  habitaban criaturas mágicas. Donde dragones elfos, hadas, y demás seres mágicos , vivían en perfecta armonía,
existió hace mucho un reino, donde en lo alto de una torre de mármol, vivía una hermosa joven .De mirada plácida , cálida, que  se asomaba cada día a la ventana, para ver pasar el mágico día ante sus ojos divinos.  Había tanto amor en su alma que no existía el rincón más estrecho para el odio.  Sin querer, sin pensar , se había enamorado de un dragón alado , al cual  veía pasar delante de ella  , surcando el cielo de la mañana.
Ambos se miraban,  como  si un hechizo los atrajera,  más dicho hechizo no era otro que el amor que ambos sentían.
Pero una mañana, la joven lloraba desconsoladamente , y sus lágrimas caían como gotas de aguas que amordazan el viento. La joven estaba triste,  pálida en su silla de oro, la joven no ríe, ella persigue el cielo de un amor profundo de una vaga ilusión.
Esta presa en su torre de mármol del reino real, un reino soberbio que vigilan los guardias, que custodian 100 ogros que no duermen sus almas.
De pronto la alcoba se ilumina con destellos de luces y aparace un hada mágica, para consolar a la hermosa joven. No llores, princesa querida! El Dragón con alas hacía acá se encamina, te llevara a la tierra donde el Pegaso por los cielos se pasea y detrás de las nubes parpadea, escucharas el canto de las sirenas, y los duendes que caminan cercas de las praderas. Beberás en la fuente de la inmortalidad y nunca más envejecerás. El tiempo, el espacio son invisibles, el oro, las cadenas no existen se goza de libertad divina, donde anidaras! , y con tu amado Dragón, vivirás en el mundo de fantasías, donde lo fantástico  es la realidad.
La bella joven,  al hada madrina le sonrió , y en su rostro se ilumino el amor, sus lágrimas cesaron, y el brillo del amor, volvió a llenar su mirada.
Asomada a la ventana, la mirada perdida en el horizonte, ve brillar las alas de su amado dragón.
El Dragón llega de lejos a buscar a su amada,  en la torre más alta , se queda en vuelo junto a la ventana, y  ella se agarra a él,  baja sobre su cuello , despacio ,  hasta llegar a su lomo . Aferrada a él, el dragón emprende su vuelo, los guardianes de la torre intentan impedir que ambos salgan del reino. Tarea inútil, ya que solo alcanzaron a ver el brillo de sus alas, perderse en el horizonte.
La hermosa princesa, con su rostro sobre su amado, se abraza fuertemente a él.
Así fue que el Dragón , lleno de amor, junto a su amada princesa, se perdió en el cielo, en busca de aquel mágico lugar en donde hacer realidad sus sueños. 
Feliz al verse, caminando por su real sueño, un beso se dieron de un amor verdadero.