jueves, 20 de septiembre de 2012

La leyenda de Deirdre y Naois




La leyenda de Deirdre y Naois

Cuentan que hace ya muchísimos años, el rey Connacher y sus Caballeros de la Rama Roja trajeron la paz a las tierras de Irlanda. Pero una noche, mientras la corte en pleno celebraba una gran fiesta, un terrible grito paralizó a los presentes. Nadie sabía de dónde había venido. El druida Cathbad, entonces, abandonó su contemplación de las estrellas y avanzando hasta el centro del salón puso su mano sobre el vientre de Elva, la embarazada esposa del buen Malcom, arpista del rey. Luego, dijo:
- Es esta niña la que ha gritado. Su nombre es Deirdre y su belleza será extraordinaria. Todos querrán desposarla. Por ella se desatará la guerra en Irlanda y se separarán los caballeros de la Rama Roja.
Un profundo silencio cayó sobre el salón. Todos sabían que las profecías de Cathbad siempre se cumplían. Pronto, todos pedían al rey la muerte de la niña, para evitar males mayores.
Pero Connacher sintió pena por los afligidos padres. Y un enorme deseo de conocer a esa belleza fascinante. Por eso, dijo:
-La niña no morirá. Apenas nazca será llevada a lo profundo del bosque, donde será criada hasta que cumpla los dieciséis años. Entonces, yo me casaré con ella, y así impediré que la profecía se cumpla.
Deirdre nació poco después. La crió en una oculta cabaña en el bosque Levarcham, la narradora de historias. Y Deirdre creció bellísima, bondadosa y feliz. La muchacha sabía que debía casarse con el rey apenas cumpliera los dieciséis años, pero no lograba conformarse. Ella aguardaba al joven alto y de cabello negro que la había cautivado en sueños.
Una tarde, Deirdre se cruzó en el bosque con tres cazadores. Se trataba de los hermanos Naois, Allen y Arden, tres de los mejores guerreros del rey. Naois, el mayor, era el joven que Deirdre había visto en sueños. El flechazo entre los jóvenes fue inmediato.
Temiendo la ira del rey Connacher, Deirdre y los tres hermanos se refugiaron en Escocia. Pero el rey mandó decirles que los perdonaba y los esperaba de vuelta en el castillo. Naois, que añoraba su patria, decidió emprender el regreso, pese a la desconfianza de Deirdre. En cuanto supo que los cuatro jóvenes se encontraban en una posada cercana, Connacher envió a cien de sus mejores hombres a matar a los hermanos y capturar a la muchacha. Naois, Allen y Arden los enfrentaron con nobleza y valentía, y murieron peleando. La profecía se había cumplido.
Deirdre fue llevada prisionera al castillo. Allí pidió un arpa y cantó durante toda la noche dulces melodías para su amor perdido. Por la mañana, cuando el rey quiso verla, la muchacha estaba muerta.
Connacher mandó enterrarla en el bosque donde había pasado su infancia, pero los aldeanos, conmovidos, la llevaron durante la noche hasta el sitio donde yacía Naois, y la enterraron a su lado.
Cuentan que de cada tumba creció un árbol, y que estos árboles entrelazaron sus copas y sus ramas. Y hasta hoy, son uno solo.

Leyenda de hadas-TAM lIN



Leyenda de hadas-TAM lIN

Janet, la hermosa hija de un conde de las Tierras Bajas, vivía junto a su padre en un castillo de piedra gris rodeado por verdes praderas. Un día, cansada de coser en su gabinete y de jugar largas partidas de ajedrez con las damas de la corte , se puso un vestido verde, trenzó su pelo rubio y salió sola a dar un paseo por los frondosos bosques de Carterhaugh. El sol doraba los claros silenciosos donde el césped era tan mullido como una alfombra. Bajo la sombra verde crecían exuberantes las rosas silvestres y los largos tallos de las campanillas blancas formaban un dosel sobre los senderos.
Janet extendió la mano y cortó una rosa blanca para prenderla en su cintura. Apenas había separado la flor de la rama, apareció un joven frente a ella en el sendero. -¿Cómo te atreves a cortar las rosas de Carterhaugh y a pasar por aquí sin mi permiso? -le preguntó.
-No quise hacer nada malo –se disculpó ella. -Mi misión es proteger estos bosques y cuidar que nadie perturbe su paz –dijo el joven. Luego sonrió lentamente, como alguien que no ha sonreído durante mucho tiempo, y cortó una rosa roja que crecía junto a la rosa blanca que Janet tenía en la mano.
Sin embargo, sería muy feliz si pudiera dar todas las rosas de Carterhaugh a una dama tan hermosa como tú. -¿Quién eres, joven gentil? -preguntó Janet mientras tomaba la rosa. -Me llamo Tam Lin –respondió el joven.
-¡Oí hablar de ti! Eres el caballero elfo –exclamó Janet y arrojó la rosa con temor. -No temas, hermosa Janet –dijo Tam Lin-. Aunque me digan caballero elfo, soy tan humano como tú. Y Janet escuchó asombrada mientras Tam Lin relataba su historia. -Mi padre y mi madre murieron cuando era muy pequeño y mi abuelo, el conde de Roxburght, me llevó a vivir con él. Un día, mientras cazábamos en estos mismos bosques, comenzó a soplar un viento extraño desde el norte, que secó todas las hojas de los árboles. Sentí que me invadía un sueño profundo y me fui alejando de mis compañeros hasta que caí del caballo. Al despertar, estaba en la tierra de las hadas. La Reina de los Elfos me había raptado mientras dormía.
Desde entonces , estoy sujeto al hechizo de la Reina de los Elfos. Durante el día cuido los bosques de Carterhaugh y por la noche vuelvo a la tierra de las hadas. ¡Oh, Janet, cómo quisiera regresar a la vida humana de la que me arrancaron! Deseo con todo mi corazón verme libre del encantamiento.
Tam Lin hablaba con tanta pena que Janet preguntó conmovida: -¿Y no hay ninguna manera de lograrlo? Tam Lin tomó las manos de la joven entre las suyas. -Esta noche es Halloween, Janet –dijo-, la noche entre todas las noches en que hay una posibilidad de devolverme a la vida humana. En Halloween los seres mágicos viajan a otra comarca y yo voy con ellos.
-Dime cómo puedo ayudarte –dijo Janet -. Lo haré de todo corazón.
-Al llegar la medianoche –le explicó Tam Lin-, debes ir a la encrucijada y esperar allí hasta que pase la caravana de los seres mágicos. Cuando veas acercarse al primer grupo, no te muevas y déjalos seguir su camino. Lo mismo harás con el segundo grupo. Yo iré en el tercer grupo, montado en un corcel blanco como la leche y llevaré una corona de oro en la cabeza. Entonces correrás hasta mí, Janet. Derríbame del caballo y abrázame. No importa que hechizos lancen sobre mí, abrázame fuerte y no me sueltes. De esa manera podrás devolverme a este mundo.
Esa noche, poco antes de las doce, Janet corrió hacia la encrucijada y se ocultó entre los arbustos espinosos. La luz de la luna centelleaba en el agua de los arroyos, la sombra de los arbustos dibujaba figuras extrañas sobre la tierra y las ramas de los árboles crujían aterradoramente sobre su cabeza. El viento traía un leve sonido de galope. Se acercaban los caballos mágicos. Janet sintió que un escalofrío le recorría la espalda y se encogió en su capa mientras miraba expectante en dirección al camino. Primero vio el brillo de los arneses de plata, luego la estrella blanca en la frente del caballo que encabezaba el cortejo y pronto apareció ante su vista un grupo de seres mágicos con caras pálidas de rasgos afilados en los que se reflejaba la luz de la luna y extraños bucles élficos que se agitaban en el viento mientras cabalgaban. Mientras pasaba el primer grupo, encabezado por la Reina de los Elfos que montaba un corcel negro como la noche, Janet se quedó inmóvil y los miró alejarse. Tampoco se movió cuando pasó el segundo grupo. Pero en el tercer grupo distinguió el caballo blanco de Tam Lin y vio el brillo de la corona de oro sobre su frente. Entonces salió de la sombra de los arbustos, corrió a sujetar las riendas del caballo, derribó a Tam Lin de la silla y lo rodeó con sus brazos.
Inmediatamente brotó un grito espectral:
-¡Tam Lin se escapa!
El caballo negro de la Reina de los Elfos corcoveó al sentir el tirón de la rienda para detenerlo. La Reina se volvió y sus ojos hermosamente inhumanos se detuvieron en Janet y Tam Lin. Mientras Janet lo abrazaba con todas sus fuerzas, la Reina lanzó un hechizo sobre Tam Lin, quien se fue encogiendo más y más hasta transformarse en una lagartija escamosa. Janet la mantuvo apretada contra su pecho. Luego sintió que algo se deslizaba entre sus dedos y la lagartija se transformó en una serpiente fría y escurridiza que se le enroscó al cuello mientras la sujetaba firmemente.
Un momento después, sintió un dolor ardiente en las manos y la fría serpiente se transformó en una barra de hierro al rojo. Lágrimas de dolor corrían por sus mejillas, pero Janet siguió abrazando a Tam Lin con la decisión de enfrentarse a lo que fuera para salvarlo. Por fin, la Reina de los Elfos comprendió que había perdido a Tam Lin para siempre por la fuerza del amor de una mortal y le devolvió su aspecto original. En brazos de Janet, Tam Lin era nuevamente un ser humano. Janet lo envolvió triunfalmente en su capa. Y mientras la caravana reanudaba la marcha y una afilada mano verdosa tomaba las riendas del caballo en que había montado Tam Lin, se escuchó la voz de la Reina de los Elfos en amargo lamento:
-Hemos perdido al más apuesto de todos los caballeros de mi cortejo en manos de los mortales. ¡Adiós, Tam Lin! Si hubiera sabido que una mortal sería capaz de arrancarte de mi lado con su amor, te habría quitado el corazón humano y puesto en su lugar un corazón de piedra. Y si hubiera sabido que la hermosa Janet vendría a Carterhaugh, habría transformado tus ojos grises en un par de ojos de madera. Mientras la Reina hablaba, la pálida luz del amanecer comenzó a iluminar la tierra. Con un grito sobrenatural, los jinetes mágicos espolearon sus caballos y se alejaron a toda velocidad. El sonido de las campanillas de los arreos se desvaneció en la distancia
Tam Lin besó con ternura las doloridas manos llenas de quemaduras de Janet y juntos regresaron al castillo de piedra gris.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

La princesa Sac Nicté- leyenda Maya.




La princesa  Sac Nicté- leyenda Maya.

Todos los que han vivido en la tierra del Mayab, han oído el dulce nombre de la bella princesa Sac-Nicté, que significa Blanca Flor.
Era graciosa, de dulce canto y bella  como la flor que llena el campo de perfume.
Así era la princesa Sac-Nicté, que nació en la orgullosa ciudad de Mayapán, cuando la paz unía como hermanas a las tres grandes ciudades de la tierra del Mayab;  Mazapán , Uxmal y  Chichén Itzá,  en aquel entonces , no había ejércitos, porque sus reyes habían hecho el pacto de vivir como hermanos.
Todos los que han vivido en el Mayab han oído también el nombre del príncipe Canek que quiere decir Serpiente Negra.
El príncipe Canek era valeroso y tenaz de corazón, cuando  cumplió veintiún años fue proclamado  rey de la ciudad de Chichén Itzá. En aquel mismo día vio el rey Canek a la princesa Sac-Nicté , de la que se enamoró  a primera vista.  Y desde entonces se sintió triste para toda la vida.
Tenia la princesa Sac-Nicté  quince  años cuando vio al príncipe Canek sentado en el trono de Itzá, tembló de alegría su corazón al verlo y por la noche durmió con la boca encendida de una sonrisa luminosa. Cuando despertó, Sac-Nicté sabía que su vida y la vida del príncipe Canek correrían como dos ríos que corren juntos a besar el mar.
Así sucedió y así cantan aquella historia los que la saben y no olvidan.

El día en que el príncipe Canek se hizo rey de los Itzaes, subió al templo de la santa ciudad de Itzmal para presentarse ante su dios. Sus piernas de cazador temblaban cuando bajó los veintiséis escalones del templo y sus brazos de guerrero estaban caídos. El príncipe Canek había visto allí a la princesa Blanca Flor.
La gran plaza del templo estaba llena de gente que había llegado de todo el Mayab para ver al príncipe. Y todos los que estaban cerca vieron lo que pasó. Vieron la sonrisa de la princesa y vieron al príncipe cerrar los ojos y apretarse el pecho con las manos frías.
Allí estaban también los reyes y los príncipes de las demás ciudades. Todos miraban, pero no comprendieron que desde aquel momento las vidas del nuevo rey y de la princesa habían empezado a correr como dos ríos juntos, para cumplir la voluntad de los dioses altos.
Y eso no lo comprendieron. Porque hay que saber que la princesa Sac-Nicté había sido destinada por su padre, el poderoso rey de Mayapán, para el joven Ulil, príncipe heredero del reino de Uxmal.
Acabó el día en que el príncipe Canek se hizo rey de Chichén Itzá y empezaron a contarse los treinta y siete días que faltaban para el casamiento del príncipe Ulil y la princesa Sac-Nicté.
Vinieron mensajeros de Mayapán ante el joven rey de Chichén Itzá y le dijeron:
_Nuestro rey convida a su amigo y aliado para la fiesta de las bodas de su hija.
Y respondió el rey Canek con los ojos encendidos:
_Decid a vuestro señor que estaré presente.
Y vinieron mensajeros de Uxmal ante el rey Canek y le dijeron:
_Nuestro príncipe Ulil pide al gran rey de los Itzaes que vaya a sentarse a la mesa de sus bodas con la princesa Sac-Nicté.
Y respondió el rey Canek con la frente llena de sudor y las manos apretadas:
_Decid a vuestro señor que me verá ese día.
Y cuando el rey de los Itzaes estaba solo, mirando las estrellas en el agua para preguntarles, vino otra embajada en mitad de la noche. Vino un enanillo oscuro y viejo y le dijo al oído:
_La Flor Blanca está esperándote entre las hojas verdes, ¿vas a dejar que vaya otro a arrancarla?
Y se fue el enanillo, por el aire o por debajo de la tierra, nadie lo vio más que el rey y nadie lo supo.

En  Uxmal se preparaba  la ceremonia de bodas  de la princesa Blanca Flor y el príncipe Ulil.
 Desde  Mayapán fue la princesa con su padre y todos los grandes señores en una comitiva que llenó de cantos el camino.
Más allá de la puerta de Uxmal salió con muchos nobles y guerreros el príncipe Ulil a recibir a la princesa y cuando la vio, la vio llorando.
Toda la ciudad estaba adornada de cintas, de plumas de faisán, de plantas y de arcos pintados de colores brillantes. Y todos danzaban y estaban alegres, porque nadie sabía lo que iba a suceder.
Era ya el día tercero y la luna era grande y redonda como el sol, era el día bueno para la boda del príncipe, según la regla del cielo.
De todos los reinos, de cerca y de lejos, habían llegado a Uxmal reyes e hijos de reyes y todos habían traído presentes y ofrendas para los nuevos esposos. 
De todas partes llegaron embajadores con ricos presentes; menos el rey Canek de Chichén Itzá.
Se le esperó hasta el tercer día, pero no llegó ni mandó ningún mensaje, todos estaban llenos de extrañeza y de inquietud, porque no sabían, pero el corazón de la princesa sabía y esperaba.
En la noche del tercer día de las fiestas se preparó el altar y el gran señor de los Itzaes no llegaba, ya no esperaban los que no sabían.
Vestida está de colores puros y adornada de flores la princesa Blanca Flor, frente al altar, y ya se acerca el hombre al que se ha de ofrecer por esposa. Espera Sac-Nicté, soñando en los caminos por donde ha de venir el rey en quien ha puesto su corazón, espera la flor blanca del Mayab, mientras Canek, el rey triste, el joven y fuerte cazador, busca desesperado en la sombra el camino que ha de seguir para cumplir la voluntad de arriba.
En la fiesta de las bodas de la princesa Sac-Nicté con el príncipe Ulil, se esperó tres días al señor de Chichén Itzá que llegara. Pero el rey Canek llegó a la hora en que había de llegar.
Saltó de pronto en medio de Uxmal, con sesenta de sus guerreros principales y subió al altar donde ardía el incienso y cantaban los sacerdotes, llegó vestido de guerra y con el signo de Itzá sobre el pecho.
_¡Itzalán! ¡Itzalán! _ gritaron como en el campo de combate.
Nadie se levantó contra ellos, todo sucedió en un momento, entró el rey Canek como el viento encendido y arrebató a la princesa en sus brazos delante de todos. Nadie pudo impedirlo, cuando quisieron verlo ya no estaba allí. Solo quedó el príncipe Ulil frente a los sacerdotes y junto al altar. La princesa se perdió a sus ojos, arrebatada por el rey, que pasó como un relámpago.
Así acabaron las fiestas de las bodas, la rabia que empezó a brotar del interior  del príncipe Ulil , le hizo  convocar a sus guerreros, y salir en busca de ellos.
Ante la amenaza de guerra, he aquí  que  los Itzaes dejaron sus casas y sus templos de Chichén y abandonaron la bella ciudad recostada a la orilla del agua azul. Todos se fueron llorando, una noche, con la luz de los luceros, todos se fueron en fila, para salvar las estatuas de los dioses y la vida del rey y de la princesa, luz y gloria del Mayab.
Delante de los hijos de Itzá iba el rey Canek, caminando por senderos abiertos en medio de los montes, iba envuelto en un manto blanco y sin corona de plumas en la frente, a su lado iba la princesa Sac-Nicté, ella levantaba la mano y señalaba el camino y todos iban detrás.
Un día llegaron a un lugar tranquilo y verde, junto a una laguna quieta, lejos de todas las ciudades y allí pusieron el asiento del reinado y edificaron las casa sencillas de la paz. Se salvaron así los Itzaes por el amor de la princesa Sac-Nicté, que entró en el corazón del último príncipe de Chichén para salvarlo del castigo y hacer su vida pura y blanca.
Solitaria y callada quedó Chichén Itzá en medio del bosque sin pájaros, porque todos volaron tras la princesa Sac-Nicté.
Llegaron a ella numerosos y enfurecidos los ejércitos de Uxmal y Mayapán y no encontraron ni los ecos en los palacios y en los templos vacíos. La ira puso entonces el fuego del incendio en la hermosa ciudad y Chichén Itzá quedó sola y muerta como está hoy, abandonada desde aquel tiempo antiguo, junto al agua azul del ceñote de la vida. Quedó sola y muerta, perfumadas sus ruinas de un aroma suave que es como una sonrisa o una blanca luz de luna.
En la primavera brota la flor blanca en el Mayab y adorna los árboles y llena el aire de suspiros olorosos. Y el hijo de la tierra maya la espera y la saluda con toda la ternura de su corazón y su voz recuerda al verla el nombre de la princesa Sac-Nicté.

La leyenda de Asenuza. la mar chiquita-Cordoba.




La leyenda de Asenuza.

Cuenta la leyenda que  la diosa india del agua, que habitaba en el palacio de cristal del Mar de Ansenuza (Nombre indígena de la Mar Chiquita).  Era una deidad cruel y egoísta, pero hermosa. Y que la única ofrenda que le era propicia ,era el primer amor de los jóvenes.
Se cuenta que un día vio llegar a la costa del lago, que era entonces de agua dulce, a  un príncipe indio malherido en la guerra. Tristemente le sonrió a la diosa, lamentando el no poder sobrevivir para admirar su hermosura. Ella quedó por vez primera  embelesada  de amor . Pero pronto sucumbió a la desesperación el comprender el destino de su amado. El cristalino espejo de agua se convulsionó.
Un trueno, como un largo lamento, estremeció el cielo y las nubes lloraron con su diosa. El mar se convirtió en un furioso caos durante un día y una noche. Al amanecer, el joven se encontró en la playa. Sus heridas habían cicatrizado y al abrir los ojos, vio la increíble transformación que se había obrado en la naturaleza.
La playa era blanca y las aguas se habían vuelto turbias y saladas. Atónito el joven,  recordó de pronto  a la hermosa mujer que la acariciaba cuando se le iban cerrando los ojos. Ahora se sentía sano y sus nervios tensos estaban sedientos de algo. Comenzó a avanzar por el agua, alejándose cada vez más de la costa, como si una fuerza sobrenatural  , lo impulsara. Cuando el agua cubrió su cintura comenzó a nadar.  Y al instante no nadaba, flotaba simplemente. Era como si unos brazos femeninos, con dulzura, le acariciaban el alma. Y siguió nadando, hasta que un tenue rayo rosado del amanecer lo fue transformando en el grácil flamenco, guardian eterno del amor de la diosa del mar.
Desde entonces las aguas del Mar de Ansenuza son curativas, amorosamente curativas.

lunes, 17 de septiembre de 2012

LEYENDA DEL SALTO ENCANTADO-Misiones.




LEYENDA DEL SALTO ENCANTADO-Misiones.

Cuenta la leyenda que en la selva de misiones vivían dos tribus enemigas. El cacique de una era Aguará y de la otra Jurumí. Aguara tenía una bellísima hija Yete-í. Era pretendida esposa por todos quienes la conocían y muchos caciques de la región ofrecían inmensas riquezas por su mano.
Jurumí el feroz enemigo, tenia un hijo Cabure-í este era famoso por su valentía y destreza en la guerra y en la caza.
Quiso el destino que ambos jóvenes se conocieran un día en estas cirscuntancias:
Cabure-í Recorria la selva en busca de caza cuando fue atraído por el grito de terror de una joven, corrió hacia allí y en un claro del Monte vio la hermosísima Yete-í a quien no conocía a punto atacada por un yaguareté . Cabure-í clavo su lanza con certeza en el corazón del animal, su sapucay triunfal anuncio la muerte de la fiera.
El amor entre los jóvenes nació en ese momento como por un mágico encantamiento.
Pero... ¡Oh Dolor! Cuando se enteraron quienes eran.
Sus tribus no admitieron este amor y volvieron a luchar sangrientamente.
Yete-í corrió hacia el campo de combate derramando lágrimas de angustia que al tocar el suelo iban formando un cristalino Hilo de Agua.
Cuando Cabure-í lo vio en lo alto de una loma, corrió hacia ella y la tomo en sus brazos.
Los guerreros de Aguará dispararon sus flechas hacia Cabure-í y los de Jurumí hacia Yete-í
En ese instante truenos ensordecedores hicieron temblar el cielo y la tierra.
El suelo se abrió como para cobijar a los enamorados muertos, y en ese lugar los asombrados combatientes vieron caer las aguas del arroyo formado por lágrimas de Yete-í.
Tupa con su poder sobre todas las cosas había creado el "Salto Encantado". En recuerdo de los hijos que se amaron Jurumí y Aguará no volvieron a luchar. 

La fosca Rocanegra- Leyenda




La fosca Rocanegra-leyenda.

La Fosca, según la leyenda, fue antes que una roca negra ,el lujoso castillo de Pirene, hija de los Pirineos.
Esa gran roca negra que llama la atención tanto desde el mar como desde tierra, situada en la costa de Palamós, da nombre a la playa que se encuentra a sus pies, la de La Fosca.
Nos cuenta la leyenda , que esa roca negra fue en otro tiempo un bello palacio que no tenía nada de tenebroso, el palacio que se hizo construir Pirene, hija de los Pirineos, cuando huyó de la montaña tras el gran incendio provocado por Alcides, buscando conocer la mar.

Pirene recorría la que hoy llamamos Costa Brava buscando un lugar donde establecerse,  sin encontrar  el  que fuera de su agrado.  Al  pasar por las islas Formigues, su nave sufrió una avería, y tuvo que atracar en la primera cala que encontró a mano, que no resultó ser otra que la ahora llamada playa de la Fosca.

Al poner  sus  pies  descalzos  sobre  la fina arena de la Fosca, Pirene supo que había encontrado el lugar que tanto había buscado. Ordenó a sus sirvientes  construir un bellísimo palacio, medio asentado en la tierra y medio flotando en el mar, para poder sentir las dos caricias más agradables  de  la costa, la fina arena y  la tersa espuma de las olas.

Y así se hizo. El maravilloso castillo rodeado de jardines, coronado de flores,  haciendo  que la solitaria  playa  se  llenara de vida y color. Pronto , los pescadores cogieron cariño a la bella princesa,  ya que les entretenía mientras pescaban cantando hermosas melodías desde las ventanas del castillo.
Nadie quedaba indiferente ante los encantos de la princesa y pronto cayeron enamorados  muchos de los muchachos que corrían por los alrededores. Pero el que más perdidamente se enamoró, fue el señor que habitaba en el castillo situado en la peña que lleva ahora el nombre de Castell, denominación que también se aplica a la playa situada a los pies del mencionado castillo.
El señor de Castell tenía una fortaleza impresionante, tanto que hasta nuestros días esa fortaleza ha dado nombre a todo el paraje.
Decidiendo  que Pirene tenía que ser suya, empezó a asediarla con todo tipo de piropos, regalos y proposiciones.

Perro ella  , tenía ya ocupado el corazón, e hizo caso omiso de las atenciones  del señor de Castell.
Éste no aceptaba un no por respuesta,  ya que estaba acostumbrado  a hacer lo que le placía con los que estaban bajo sus dominios, y, a la vista de la negativa de Pirene, decidió pasar del halago a la amenaza. Advirtió a la princesa de que grandes males asolarían su corte si no aceptaba sus proposiciones.
Pirene se negó. Y  una noche, el señor de Castell, herido en su orgullo, decidió cumplir sus amenazas y atacó el bello castillo de la princesa reduciéndolo a ruinas e incendiándolo.

De aquel maravilloso castillo sólo quedaron un montón de cascotes, que con el paso del tiempo fueron arrastrados por la mar. La morada de la princesa y su triste historia fueron desapareciendo de la memoria de todos. El único vestigio de esa historia y de ese lugar es la roca de La Fosca, ennegrecida por el paso del tiempo.