viernes, 7 de septiembre de 2012

EL AMOR Y LA LOCURA




EL AMOR Y LA LOCURA

Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres.
Cuando El Aburrimiento había bostezado por tercera vez, La Locura como siempre tan loca, les propuso:
¿Vamos a jugar a las escondidas?

 La Intriga levantó la ceja intrigada y La Curiosidad sin poder contenerse
preguntó: ¿A las escondidas? ¿Y cómo es eso?

Es un juego, explicó La Locura, En que yo me tapo la cara
y comienzo a contar, desde uno a un millón mientras ustedes se esconden y cuando
yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que encuentre ocupará mi
lugar para continuar el juego.

El entusiasmo bailó secundado por La Euforia. La Alegría dio tantos saltos que
terminó por convencer a La Duda, e incluso a La Apatía, a la que nunca le
interesaba nada. Pero no todos quisieron participar, La Verdad prefirió no
esconderse. ¿Para qué? si al final siempre la hallan. La Soberbia opinó que
era un juego muy tonto (En el fondo lo que le molestaba era que la idea no
hubiese sido de ella) y La Cobardía prefirió no arriesgarse...

Uno, Dos, Tres...; comenzó a contar La Locura. La primera en esconderse fue La
Pereza, que como siempre se dejó caer tras la primera piedra del camino. La Fe
subió al cielo y La Envidia se escondió tras la sombra del Triunfo que con su
propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto.

La Generosidad casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía
maravilloso para cada uno de sus amigos.
El egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio,
ventilado, cómodo... pero sólo para él.

La Mentira se escondió en el fondo de los océanos (Mentira, en realidad se
escondió detrás del arco iris) y La Pasión y El Deseo en el Centro de los
Volcanes.

El Olvido... se me olvidó donde se escondió... pero eso no es importante.

Cuando La Locura contaba, El Amor aún no había encontrado sitio para
esconderse, pues todo se encontraba ocupado... hasta que divisó un rosal y
enternecido decidió esconderse entre sus flores.

Un millón; contó La Locura y comenzó a buscar. La primera en
salir fue La Pereza sólo a tres pasos de una piedra. Después se escuchó a La Fe
discutiendo con Dios sobre Teología, y La Pasión y El Deseo los sintió en el
vibrar de los volcanes. En un descuido encontró a La Envidia y claro, así pudo
deducir dónde estaba El Triunfo. El Egoísmo no tuvo ni que buscarlo; Él solito
salió disparado de su escondite que había resultado ser un nido de avispas. De
tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a La Belleza y con La


Duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin
decidir aún de qué lado esconderse.

Así fue encontrando a todos, El Talento entre la hierba fresca, a La Angustia
en una oscura cueva, a La Mentira detrás del arco iris... (mentira, si ella

estaba en el fondo del océano) y hasta El Olvido... que ya se le había olvidado
que estaba jugando a las escondidas, pero sólo el amor no aparecía por ningún
sitio.

La Locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyuelo del planeta, en la
cima de las montañas y cuando estaba por darse por vencida divisó un rosal y las
rosas... y tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un
doloroso grito se escuchó: las espinas habían herido los ojos del Amor: La
Locura no sabía qué hacer para disculparse, lloró, imploró, pidió perdón y hasta
prometió ser su lazarillo.

Desde entonces, desde que por primera vez se jugó a las escondidas en la
tierra...

El Amor es ciego y La Locura siempre lo acompaña.

PEQUEÑO CUENTO DE AMOR



Erase una vez un universo oscuro, un universo negro, un universo helado y matemático.

No se sabe por qué, dos estrellas se miraron y se enamoraron. Tan grande y hermoso fue su amor que dejaron de describir infalibles órbitas elípticas para dibujarse tiernos corazones entrelazados.

Se querían tanto..., pero la distancia era grande, y no podían acariciarse ni besarse. ¡Si por un solo instante pudieran estar juntas! Pero eso estaba prohibido en un universo oscuro, en un universo negro, en un universo helado y matemático.

Aun así no se resignaron a vivir separadas, alejadas por un denso y silencioso vacío; así que decidieron quebrantar la eterna ley del perfecto y ordenado universo. Con un cómplice guiño se salieron de sus órbitas convirtiéndose en dos estrellas fugaces, dirigiéndose a un mismo destino a la velocidad del deseo y el cariño

Tan solo querían besarse; sabían que ése sería su primer y último beso, pero a pesar de ello continuaron vertiginosas su sendero suicida..., hasta que se encontraron, fundiéndose en un luminoso y bello abrazo de amor y de muerte. Fue el precio tuvieron que pagar por quererse en un universo oscuro, en un universo negro, en un universo helado y matemático.

Ellas fueron las primeras, pero si alguna noche de verano, mirando el cielo, ves una estrella fugaz, piensa que en algún lugar hay otra, que están enamoradas, y que aunque vivamos en un universo oscuro, en un universo negro, en un universo helado y matemático, lograrán encontrarse, se besarán por un instante nada más y desaparecerán entre destellos de amor y ternura.

jueves, 6 de septiembre de 2012

ABELARDO Y ELOISA, AMOR DE LEYENDA.




ABELARDO Y ELOISA, AMOR DE LEYENDA.

Abelardo nació en 1079 en Palais, Alta Bretaña, una aldea próxima a Nantes. Berengario, su padre, era una persona culta e ilustre que supo hacerse cargo de la educación de su hijo y sus hermanos.
Siendo muy joven, Abelardo  abandonó la milicia  por su pasión por el estudio. Cultivó todos los saberes de su tiempo, incluyendo la música y el canto. Y fue por el estudio que renunció tanto a su herencia como a su primogenitura. Abelardo, inteligente y tolerante, fue paradójicamente asceta o sensual, según los vaivenes de su corazón.
A los 20 años, marchó a París, dedicándose a la filosofía. Estableció una escuela en la colina de Santa Genoveva y a la misma atrajo a una gran multitud de alumnos . Años más tarde, sus obras De trinitate y su Introducción a la teología, despertarían grandes polémicas y serían condenadas por la Iglesia Romana.
Tuvo su primera escuela en Melun y en Corbeil para regresar a los 25 años a París en donde se entregó plenamente al debate filosófico.  Se hizo discípulo de Anselmo para aprender teología. Luego comenzó a debatir con su maestro, al que venció en una discusión pública, quedándose así con todos sus discípulos. La soberbia de Abelardo se despertó como consecuencia de su constancia en el estudio y su habilidad retórica.
Eloísa, era una bella joven de talento excepcional, sobrina de Fulberto, canónigo de París. Había nacido en 1101 y tenía entonces 17 años. Abelardo, que vivía en casa de Fulberto, sedujo a Elosía bajo el pretexto de cultivar su formación filósofica: “inflamado de amor, busque ocasión de acercarme a Eloísa y en consecuencia, trace mi plan.”, decía Abelardo en una epístola dirigida a uno de sus amigos.
Cuando Eloísa quedó embarazada, Aberlardo decidió raptarla para conducirla a Bretaña. Allí, dio a luz un niño en la casa de la hermana de su amante. Pero cuando Abelardo regresó a París, Fulberto lo esperaba para ejecutar su venganza: sus emisarios mutilarían sin más al seductor de su sobrina.
Eloísa, sin otra alternativa, tomaría los hábitos en el convento de Argenteuil y Abelardo, ingresaría en el convento de Saint-Denis. Aunque , más adelante, abandonaría el claustro para dedicarse nuevamente a la enseñanza y al debate filosófico.

Abelardo, como consecuencia de sus ideas y discusiones teológicas, fue rechazado por los monjes de Saint-Denis, por lo que se retiró a la diósesis de Troyes donde se comprometió con una vida austera y rigurosa. Allí fundó el oratorio al Paracleto o Espíritu Santo Consolador, del que más tarde Eloísa fuera abadesa.
Abelardo murió en la abadía de San Marcelo, en Chalons-sur-Saone, el 21 de abril de 1142. Tenía por entonces 63 años. En sus últimos años, había abandonado sus ideas heréticas, rechazando el arrianismo y el sabelianismo. Eloísa, reclamó su cuerpo.
Ella murió en 1163, pero recién en 1808 los restos de ambos amantes fueron depositados juntos en el Museo de monumentos franceses de París. Finalmente en 1817, ambos fueron depositados en una misma tumba, en el cementerio del Pere Lachaise, de la misma capital.
Los arqueólogos cuestionan la autenticidad de los restos. Pero en el terreno de lo legendario, la ficción y la realidad se tejen en una verdad de fé, que vale simplemente por el romanticismo del relato que los que escuchan desean creer.. Abelardo y Eloisa, nunca dejaron de amarse apasionadamente, pensando sin más, el uno en el otro. No pudieron morir juntos, pero protagonizaron la terrible desdicha de un amor imposible, que si bien no les dio la felicidad de vivir uno cerca del otro, si les dio la de haberse sabido amados.

Pedro e Inés de Portugal



Pedro e Inés de Portugal
Uno de los mayores mitos de Portugal se basa en un hecho histórico real, los amores de Don Pedro e Inés de Castro.
La llegada de Inés a la corte portuguesa causó un gran revuelo e inflamó de pasión el corazón del príncipe Pedro. Aunque se trataba de una relación ilícita, ya  que Don Pedro  estaba  casado  con Doña Constanza  prima de Inés.
Era por todos conocido, que  la pareja vivía su amor abiertamente .
El rey Alfonso IV no podía tolerar esta situación. Políticamente esta relación ponía en peligro a su propio reino por lo que ordenó el destierro de Inés de Castro,  quién no marchó demasiado lejos, instalándose en el castillo de Albuquerque, situado en Badajoz, donde el príncipe Pedro podía visitarla.
El 13 de noviembre de 1345, Constanza fallecía al dar a luz al futuro rey Don Fernando. Tras su muerte Don Pedro liberaba a su amada del destierro para vivir su amor libremente en el norte de Portugal.
Al cabo de nueve años de la muerte de Doña Constanza, Don Pedro decidió casarse, de manera clandestina, con la que había sido hasta entonces su amante, santificando así su unión ante el obispo de Guarda. Pero aunque la unión fue bendecida por la iglesia no resta ningún documento que pueda probarlo.
Al contrario de lo que pueda parecer fue en estos momentos cuando empezaron a surgir murmuraciones que pusieron punto y final a este amor.  Los hermanos de Inés de Castro constituían un gran peligro para la sucesión legítima, puesto que estos nobles castellanos podrían apoyar a sus sobrinos a reclamar el derecho al trono de Portugal.
Fue entonces cuando el rey Alfonso IV el Bravo fue incitado por algunos de sus nobles hidalgos a poner freno a las pretensiones de la casa Castro, temida en Castilla y Portugal, para ello planearon el asesinato de Doña Inés. Tan terrible acto se llevó a cabo un día de 1355 cuando el príncipe Pedro se encontraba de cacería. Doña Inés se encontraba cerca del   Monasterio de Santa Clara, en Coímbra y fue apuñalada sin piedad por Alonso Gonçalves, Pedro Coelho y Diego Lopez Pacheco, mientras se abrazaba a sus hijos.
Según la leyenda, las lágrimas derramadas por Inés en el río Mondego en el momento que iba a ser asesinada dio lugar a la Fontes das Lágrimas , la Quinta das lagrimas. En el lecho de la fuente pueden verse algas de color rojo que según la leyenda son gotas de sangre de la propia Inés.
Aquí acaba la historia y comienza la leyenda. El mito explica que cuando Don Pedro subió al trono uno de sus primeros actos fue arrancar el corazón en vida de los asesinos de su amada. Vengada su muerte hizo desenterrar su cuerpo y coronarla reina de Portugal por lo que todos los nobles debieron rendirle homenaje y besar su mano.
El cuerpo de Doña Inés descansa en el monasterio de Alcobaça. Don Pedro dispuso que su tumba y la de su amada debían tocarse los pies, de manera que el dia de la resurreción cuando sus cuerpos se levantaran lo primero que viera fuese su amada Inés.


miércoles, 5 de septiembre de 2012

ADALINA, EL HADA SIN ALAS.



ADALINA, EL HADA SIN ALAS.

 Nadie sabía por qué, pero Adalina  no tenía alas. Y eso que era la princesa, hija de la Gran Reina de las Hadas. Tan pequeña como una flor, todo eran problemas y dificultades. No  podía volar, y apenas tenía poderes mágicos, ya que la magia de las hadas se esconde en sus delicadas alas. Así que desde muy pequeña dependió de la ayuda de los demás para muchísimas cosas. Adalina creció dando las gracias, sonriendo y haciendo amigos, de forma que todos los animalillos del bosque estaban encantados de ayudarla.
Cuando cumplió la edad en que debía convertirse en reina, muchas hadas dudaron  que  sería  una buena reina con tal discapacidad. Ante dicha duda Adalina tuvo que aceptar someterse a una prueba  para  demostrar a todos las maravillas que podía hace.
Ella se preguntaba: ¿Qué podría hacer, si apenas era mágica y ni siquiera podía llegar muy lejos con sus cortas piernecitas? , mientras Adalina trataba de imaginarlo , la noticia se extendió entre sus amigos los animales del bosque. Y al poco, cientos de animalillos estaban junto a ella, dispuestos a ayudarla en lo que necesitara.

- Muchas gracias, amiguitos. Me siento mucho mejor con todos vosotros a mi lado- dijo con la más dulce de sus sonrisas- pero no sé si podréis ayudarme.
 Me encantaría atrapar el primer rayo de sol, antes de que tocara la tierra, y guardarlo en una gota de rocío, para que cuando hiciera falta, sirviera de linterna a todos los habitantes del bosque. O... también me encantaría pintar en el cielo un arco iris durante la noche, bajo la pálida luz de la luna, para que los seres nocturnos pudieran contemplar su belleza... Pero como no tengo magia ni alas donde guardarla...
- ¡Pues la tendrás guardada en otro sitio! ¡Mira! -gritó ilusionada una vieja tortuga que volaba por los aires dejando un rastro de color verde a su paso.
Era verdad. Al hablar Adalina de sus deseos más profundos, una ola de magia había invadido a sus amiguitos, que salieron volando por los aires para crear el mágico arco iris, y para atrapar no uno, sino cientos de rayos de sol en finas gotas de agua que llenaron el cielo de diminutas y brillantes lamparitas. Durante todo el día y la noche pudieron verse en el cielo ardillas, ratones, ranas, pájaros y pececillos, llenándolo todo de luz y color, en un espectáculo jamás visto que hizo las delicias de todos los habitantes del bosque.
Adalina fue aclamada como Reina de las Hadas, a pesar de que ni siquiera ella sabía aún de dónde había surgido una magia tan poderosa. Y no fue hasta algún tiempo después que la joven reina comprendió que ella misma era la primera de las Grandes Hadas, aquellas cuya magia no estaba guardada en sí mismas, sino entre todos sus verdaderos amigos.


EL VELO DE LA NOVIA LEYENDA GUARANI: CATARATAS DE IGUAZU




EL VELO DE LA NOVIA LEYENDA GUARANI: CATARATAS DE IGUAZU 


En tiempos de los guaraníes en una choza  junto a la orilla, vivía Panambí con su madre.
Bonita y frágil  como mariposa , esa era  la Panambí de la leyenda.

Muy joven, de grandes y expresivos ojos negros y de cabello lacio y brillante.
Armoniosa voz con la que  cantaba  dulces melodías, cuando,  iba en busca de apetitosos frutos o de exquisita miel silvestre.

Su madre la oía desde lejos y distinguía su  cristalina  voz  del ruido que hacía el agua al precipitarse desde la altura y de los trinos de los pájaros que cantaban en la fronda...

Panambí llegada fresca y armoniosa, con su cesto repleto de provisiones. 
Un día, Panambí, con su cesto enlazado en el brazo, llegó hasta la orilla donde se hallaba amarrada la canoa. marchaba a su cabaña llevando lo recogido en el bosque.

Desató el cordel que sujetaba la canoa; tomó la pala y a los pocos instantes, manejada con pericia, la embarcación se deslizaba por las aguas tranquilas en dirección a su casa.

A mitad de camino se cruzó con otra canoa. La dirigía un indio joven, desconocido para ella, que la miró, con curiosidad primero, con interés luego.

Al pasar cerca de la doncella, clavó sus ojos dominadores en la dulce Panambí y una gran admiración se pintó en ellos.

La niña quedó como hipnotizada, incapaz de separar su vista del desconocido que así la había impresionado.

Continuó mirándolo  hasta verlo desaparecer en la lejanía.

Cuando volvió a la realidad, la luna había extendido su manto de plata y se reflejaba en el río dibujando una estela brillante.

De pronto reaccionó y surcó las aguas con rapidez.

Al llegar a su cabaña, su madre la esperaba afligida.

- ¿Qué te ha sucedido Panambí? ¿Cómo vuelves tan tarde? .

- No sé... madre....

La madre la miró sorprendida. Una expresión desconocida, como ausente, se pintaba en el semblante de la niña.

-¿Qué te ha sucedido, Panambí? ¿No habrás hallado, por ventura, a Pyra-yara?

La niña la miró con mirada turbada y nada respondió.
El recuerdo del apuesto muchacho que viera en el río, no la abandonó desde entonces.
La imagen del desconocido estaba siempre ante ella como un ser sobrenatural que la hubiera hechizado.
Cada tarde ansiaba  tomar su canoa y marchar a las islas, con la esperanza de volverlo a ver.
Y en cada tarde y en cada crepúsculo, el encuentro se repitió durante mucho tiempo.

Una noche, Panambí tuvo un sobresalto y se despertó como al conjuro de un mandato ineludible.

Abandonó la hamaca tejida, donde hallaba descansando, y corrió a la orilla atraida por el llamado del desconocido que en ese instante pasaba con su canoa frente a la niña.

La misma fuerza que la impulsó hasta allí la condujo hacia el lugar donde se había detenido la canoa.

Al introducir sus pies en el río, éste se calmó y una superficie de aguas mansas y tranquilas la invitó a llegar hasta la embarcación que esperaba.

Panambí, inconsciente, obedeció a la fuerza poderosa que la dominaba y entró en el agua, la mirada fija en un punto lejano...

A medida que se internaba en las aguas, estas  iban cubriendo todo su cuerpo hasta que en un instante, sin notarlo siquiera, con la visión del apuesto guerrero que aún la esperaba, Panambí se hundió en las aguas que la envolvieron con su manto de cristal.

Poco después, el cuerpo exánime de la doncella, llevado por las aguas, aparecía junto a Pyra-yara, que no otro era el extraño ocupante de la embarcación.

El Dueño del río y de los peces, la tomó entre sus brazos fuertes y colocó el cuerpo sin vida en una balsa de juncos y tacuaras que flotaba amarrada a la popa de su canoa.

Con tan delicado botín, dirigió su embarcación hacia el lugar donde las aguas, al despeñarse en el abismo, formaban una enorme caída.

Los cabellos de Panambí, fuera de la balsa, marcaban una estela oscura en las aguas del río.

Navegaron durante algunos instantes, hasta que un ruido sordo e impotente, anunció la proximidad de la caída.


Al llegar, la canoa dirigida por Pyra-yara, apenas apoyada en las aguas, cayo al abismo formando un todo con la masa líquida, para seguir allá abajo el curso
del río, como si no hubiera tenido que pasar semejante obstáculo, demostrando con ello su naturaleza sobrehumana.

No sucedió lo mismo con el cuerpo de Panambí que, despedido de la balsa por el potente impulso de la caída, quedó preso entre piedras del gran macizo por donde se volcaban las aguas al abismo, convirtiéndose en piedra ella misma y guardando sus formas humanas.

Un chorro de agua muy blanca y muy tenue se desliza desde entonces por su cabeza y cubre su cuerpo de piedra semejando un velo de novia que se deshace en gotitas de cristal antes de volver a formar parte del caudal del río.

Ese fue el final de Panambí, la enamorada de un imposible, que olvidó que Pyra-yara, Dueño del río y de los peces, es incapaz, por ser esencia divina, de amar a ninguna mujer sobre la tierra.

martes, 4 de septiembre de 2012

El mito de Cúpido Y Psique.




 El mito de Cúpido  Y Psique.                                                             
Como si de un cuento se tratara , os voy a relatar, un mito de diose.
Había  una vez unos reyes que tenían tres hijas,  la menor se  llamada Psique, era la más  bella e inteligente.
Lo cual despertó los celos de Venus, diosa del amor y la belleza, quien decidió mandar a su hijo Cupido a herirla con una de sus flechas, para que se enamorara del peor monstruo de la tierra.
Pero el destino quiso que  Cupido se pinchara  accidentalmente con una de sus flechas y al instante quedó perdidamente enamorado de Psique.
Sin saber qué hacer para ganar su amor, decidió pedir ayuda a Apolo, dios de la luz y la verdad, quien hizo desaparecer de inmediato a todos los demás pretendientes.
El rey, ante esta situación, también pidió consejo a Apolo, este recomendó que la llevara a la cumbre de una montaña para que un dios la desposara.
A pesar del dolor por tener que separarse de su hija, los padres cumplieron con su mandato.
Cuando Psique se quedó sola, lloró desconsoladamente hasta quedarse dormida. Al despertar, se encontró recostada sobre una alfombra de hierba fresca, en el jardín de un magnífico palacio, escuchando una voz que le decía que ese palacio era suyo y que podía disponer de todo lo que había.
Sin saberlo se había convertido en la amada esposa de Cupido, quien sólo la visitaría por las noches, para que Psique jamás pudiera ver su rostro, ya que deseaba ser querido como un hombre y no como un dios.
Si ella por curiosidad  mirase su rostro, ambos se separarían para siempre, porque donde hay amor no debe existir la desconfianza.
Psique se aburría durante el día, y pidió  que vinieran sus hermanas a visitarla, deseo que su esposo le concedió.
Al ver la felicidad y el lujo en que vivía Psique,  se apoderó de sus hermanas la envidia , con lo cual  decidieron tramar  un plan para arruinarle la vida.
Sus hermanas le llenaron la cabeza de dudas y recelos, forzándola a descubrir  el  rostro de su esposo mientras  este dormía , para a si conseguir separarlos.
 Así  una noche Psique ,apoderada de las dudas  se atrevió a iluminar el  semblante  de su esposo con una lámpara, quedando maravillada por la belleza de Cupido, que al ver la luz se despertó, y marchó cumpliendo con la promesa hecha.
En su desesperación, Psique pidió ayuda a los dioses, quienes le dijeron que tendría que pedirle perdón a Venus, la madre de Cupido, a quien sin saberlo había ofendido.
Pese al desprecio de Venus , esta  le dio una oportunidad; tendría que pasar tres duras pruebas, imposibles de realizar, pero que Psique logró cumplir con la ayuda de la naturaleza.
Acusándola de hechicera, Venus  que quería  vencerla, la sometió a una última prueba  la más difícil. Debería bajar al Averno y llenar un cofre con
una parte de la belleza de Proserpina, deidad de vida, muerte y resurrección y base de un mito de la primavera.
Sabiendo que eso era más que imposible, Psique decidió suicidarse arrojándose desde lo alto de una torre. Pero antes de caer al vacío escuchó una voz que le prometió guiarla durante su travesía;  con la condición que una vez que se llenara el cofre  no debería abrirlo jamás.
Psique hizo todo lo que le aconsejó la extraña voz, pero  su  curiosidad la obligó a abrir el cofre.
Cuando  este  se abrió, un sueño mortal la invadió y se desplomó sobre el camino.
Cupido, que la había estado buscando, la encontró, pudo volver a encerrar el sueño en el cofre y después la despertó con un beso.
La alzó con suavidad y levantó vuelo llevándola con él hasta el monte del Olimpo, donde Júpiter, dios del firmamento los unió oficialmente en matrimonio para siempre.

La Historia de Tristán e Isolda



La Historia de Tristán e Isolda
El origen de la historia de Tristán se refiere, a las aventuras de un caballero de la corte del Rey Arturo o de Cassivellaunus.
Tristán creció desconociendo quiénes eran sus padres y fue educado por el fiel servidor de Blanchefleur, Kurvenal. Él lo educó tanto en el manejo de las armas como en el arte, y el joven pronto aprendió a tocar muy bien el arpa. Cuando Tristán tuvo suficiente edad, salió en busca de aventuras, hasta que el destino lo llevó a las puertas del castillo del Rey Mark, en Cornualles. Allí se enteró de la verdadera historia de su linaje , de como el Rey Mark  prohibió obstinadamente  el matrimonio de sus padres, lo que no impidió que los amantes se casaran en secreto. Luego de haber tenido un hijo a quien llamaron Tristán, los rumores de que su padre  había muerto llegaron a la Corte y su madre  murió  de pena. Decidió vengar la muerte de su padre , del cual le llegaron rumores de que fue Morgan  quien le mato. Retó  a combate a Morgan a quien terminó venciendo.
Un día llegó a la  Corte del Rey Mark, un emisario del rey de Irlanda, Morold, para cobrar sus exagerados impuestos. Tristán ante tal injusticia  lo retó a combate. En dicho combate, mató a Morold, pero recibió una herida del arma envenenada de  este,  que sólo podía curar su hermana, Isolda. Tristán partió así hacia Irlanda para ser curado por la princesa Isolda, pero no dio a conocer su nombre, sino que se hizo pasar por un simple juglar que tocaba muy bien el arpa.
Isolda y su madre le curaron su herida de inmediato, durante estos días, Isolda llegó a descubrir la verdadera identidad de Tristán, el caballero que había dado muerte a su hermano . En un principio  trató de matarlo mientras él dormía pero enseguida se arrepintió y lo perdonó.
Recuperado ya, Tristan , para sorpresa de todos, pidió la mano de Isolda para  Mark , rey de Cornualles .
La madre de Isolda, al ver infeliz a su hija, hizo una pócima de amor para que Isolda y Mark la tomaran antes de casarse y de este modo quedaran enamorados. Pero durante el viaje en barco hacia la corte de Mark, Isolda y Tristán bebieron la pócima por equivocación y ellos fueron los que quedaron
perdidamente enamorados. Sin embrago, decidieron separarse apenas llegaron a Cornualles. Tristán realizó muchas proezas y hazañas en nombre de Isolda hasta que fue mortalmente herido. Pero no quiso recibir la ayuda de Isolda, porque sabía que esto despertaría las sospechas del rey Mark. Tristán fue informado de la existencia de otra curandera que vivía en Bretaña llamada también Isolda. Hacia allí se dirigió e Isolda de Bretaña lo curó. Ella se enamoró de Tristán y el hermano de Isolda de Bretaña le propuso la mano de su hermana. Tristán pensó que casándose con ella lograría olvidar a Isolda de Cornualles pero no sucedió. Así vivió infeliz durante algún tiempo hasta que fue herido nuevamente. Pero Isolda de Bretaña no pudo sanar esa herida por lo que el fiel servidor de Tristán, Kurvenal, que aún permanecía con él, se embarcó a Cornualles diciéndole a Tristán que si volvía en un barco con velas blancas sería porque regresaría con Isolda, la esposa de Mark, de otra forma las velas sería negras como de costumbre. Luego de unos días la nave con velas blancas retornó, pero demasiado tarde, ya que Tristán murió en ese mismo instante.
Cuando Isolda de Cornualles llegó y vio que Tristán había muerto exhaló su último suspiro y murió sobre el cadáver. Los dos cuerpos fueron transportados a Cornualles, donde se enterraron por tumbas separadas, por orden del Rey Mark. Pero cuenta la leyenda que de la tumba del juglar nació una enredadera que, cruzando las paredes, descendía hasta la tumba de Isolda. La planta fue cortada dos veces por orden del Rey, pero insistía en crecer. Una rosa y una vid crecen de las respectivas tumbas y se entrelazan.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Leyenda del amor eterno: Gara y Jonay (Isla de la gomera)



Leyenda del amor eterno: Gara y Jonay (Isla de la gomera)
En la zona más alta de la Gomera, se encuentra el Parque Nacional de Garajonay. Este parque se extiende en toda la zona alta de la isla  su bosque de vegetación lo hace un lugar de ensueño, donde el hombre no se atreve a tocar ni destrozar. Es un lugar encantado por sus nieblas constantes y por su leyenda, una de las historias más bonita  de amor verdadero que hay en canarias, que da nombre a este parque natural de la Gomera. 
Según la leyenda, en la Gomera se decía que habían siete chorros en los que corría agua mágica, estas al beberla regalaban virtudes. No se sabía el origen de esta agua, pero  se cuenta que al reflejar tu rostro en ella sabias si encontrarías el amor verdadero .
Un día, la princesa de Agulo llamada Gara, se acerco al agua y miró su rostro en ella, entonces el agua comenzó a agitarse y a oscurecerse. En ese momento, el sabio del pueblo le hizo una advertencia, "Lo que ha de suceder ocurrirá. Huye del fuego Gara, o el fuego habrá de consumirte". Gara asustada se marchó del lugar.
En las fiestas de Beñesmén, a las que muchos nobles de Tenerife acudían , estaba  entre ellos el Mencey de Adeje que venía con su hijo Jonay.  Joven muy apuesto que hizo que la princesa se fijara en él.
 Durante las fiestas, se anunció el compromiso entre los dos jóvenes, pero en ese mismo momento Echedey (El Teide), empezó a escupir lava y fuego, eso hizo que el compromiso se rompiera y Jonay volviera a Tenerife sin su amor. 
Jonay esa misma noche volvió a la Gomera nadando desde Tenerife, para encontrarse con su amada. Al verlos juntos las dos tribus  que estaban en contra de la unión, por el mal agürio del rugir del volcán, los persiguieron. Gara y Jonay huyeron al monte más alto de la isla, y al verse acorralados, afilaron un palo por sus dos extremos y apoyándolo en sus pechos por la zona del corazón se abrazaron para morir juntos, atravesados por la madera cayeron al vacío del barranco en señal de su eterno amor y libertad.

LA JUDÍA DE TOLEDO




LA JUDÍA DE TOLEDO 
El rey de Castilla, Alfonso VIII,  casado  con Doña Leonor de Plantagenet, hija de Enrique II de Inglaterra. Se trasladó a Toledo donde por entonces se ubicaba la Corte de Castilla. Desde allí, Alfonso dirigía su reino con justicia y cerebro.
aficionado a la caza , solía practicarla a menudo. En una de esas  cacerías, mientras perseguía un jabalí, vio el rey en el cielo un hermoso halcón que perseguía a una indefensa paloma a la que ya había herido de gravedad.
Alfonso decidió ayudar al animalito y poniendo una flecha en su arco disparó al halcón, hiriéndolo de muerte en el pecho. Como trofeo de caza, el rey decidió ir en busca del animal que había caído en el jardín de un lugareño.
Se acercó a la casa que pertenecía a una muchacha judía llamada Raquel, huérfana y que vivía sola en el solar que le habían dejado sus padres.
Desde el preciso instante en que la vio , el rey,  ya no pudo borrarla de su memoria.
Pero también la joven Raquel quedó prendada de aquel apuesto caballero  que se internó en su jardín y que la miraba como si ella no fuera una sencilla judía , sino como la más noble de las reinas.
Desde que ambos se vieran por primera vez, ya no pudieron apartar sus pensamientos el uno del otro. Raquel vivía sus días suspirando por el apuesto rey, y Don Alfonso no podía dejar de pensar en la hermosa judía ni un segundo, hasta tal punto que tal situación comenzó a afectar a sus obligaciones como monarca y como esposo.
Así que finalmente cedió a sus verdaderos deseos y volvió a encontrarse con Raquel.  Desde entonces ambos vivieron un apasionado romance, pero aquella relación estaba condenada al fracaso: él era cristiano y ella judía, él estaba casado y además: ¡era el rey de Castilla!
 Alfonso estaba tan perdidamente enamorado de Raquel, que estaba dispuesto a renunciar a su reino por ella. Arriesgándose a ser descubierto, hizo trasladar todas las pertenencias de la muchacha a un lugar apartado en el palacio real.
Con el tiempo, Alfonso acabó pasando más tiempo en aquellas estancias en las que habitaba Raquel que en el resto del palacio, ya nada le importaba a él el reino, la Iglesia o su esposa Leonor. Para él no había nada más importante que su amada judía.
Aquella situación duró más de siete años y el reino de Castilla corría un gran peligro, abandonado y sin monarca que lo gobernara, así que los nobles y el pueblo, hartos ya de semejante situación, comenzaron a ponerse en contra de Alfonso. En Toledo no se hablaba de otra cosa que de la bruja Raquel que había hechizado al rey de Castilla con sus pociones y de ese modo usurpaba las riquezas del reino.
Doña Leonor tenía que soportar la humillación y el despecho en silencio, pero por dentro estaba corroída por el odio y la amargura.
Para la reina, los nobles y el pueblo, todo el respeto que Alfonso VIII de Castilla se había forjado con hazañas grandiosas, quedó sustituido por el desprecio y las burlas por culpa de sus amoríos con Raquel.
Fue la misma Leonor, harta de semejante humillación y preocupada por el destino del reino, la que decidió actuar. Si el rey era incapaz de dejar a la bruja, entonces habría que librarse de ella. De este modo la reina contrató a dos asesinos y un día le llegó mensaje a Don Alfonso de que su esposa deseaba hablarle con urgencia.
Aprovechando esta circunstancia, los sicarios entraron en las dependencias donde se encontraba Raquel acompañada de su sirviente judío. Los asesinos obligaron al sirviente a dar muerte a la hermosa judía, pues ellos la odiaban demasiado y no deseaban manchar sus espadas con su sangre.
Cuando Alfonso llegó a sus dependencias encontró a su amante muerta en un charco de sangre, junto con su sirviente.
Loco de ira y dolor hizo colgar a los asesinos y perseguir por todo el reino a todos cuantos hubieren dicho alguna vez algo malo de su amada Raquel, incluso Leonor, de la que Alfonso pronto conoció su culpabilidad en el asunto, fue enviada a un convento a Galicia, para no tener que volver a verla jamás.
Apaciguada la ira, el rey se sumió en un profundo dolor. Mandó construir un túmulo funerario digno de una reina para su hermosa amante y en él pasaba Alfonso los días consumiéndose poco a poco por la pena.
Finalmente, Alfonso VIII murió el 6 de Octubre de 1214, en una aldea llamada Gutiérrez Muñoz, a causa de unas fiebres. Aquellos que presenciaron su muerte contaron que sus últimas palabras fueron para la hermosa Raquel. El rey murió sonriendo.