jueves, 11 de octubre de 2012

La leyenda de Tanabata




La leyenda de Tanabata

 Había una vez un Rey, el Rey Celestial Tentei, que tenía una hija, Orihime.
Ella era la mejor tejedora de todo el reino y sus telas eran espléndidas, cosa que siempre complacía a su padre.
El Rey Tentei, tenía el poder de controlar el clima, que siempre era limpio y despejado, mientras estuviera complacido, mientras que cuando se enfadaba, el cielo se encapotaba y llovía.
Orihime siempre trabajaba día tras día ,  a orillas del río Amanogawa. Pero la Princesa siempre estaba triste, ya que, como trabajaba tanto, nunca podría conocer a alguien de quien enamorarse.
Preocupado por ella, el Rey Tentei, concretó un encuentro entre ella y Hikoboshi, un pastor que vivía al otro lado del Amanogawa.
Cuando los dos se conocieron, se enamoraron al instante y al poco tiempo se casaron. Pero una vez casados, ambos empezaron a descuidar sus tareas para estar juntos, hasta que Orihime dejó de tejer para el Rey Tentei e Hikoboshi se olvidó de su rebaño, que se desperdigó por el campo.
El Rey Tentei, furioso, ordenó separarlos, cada uno a un lado del Amanogawa, prohibiéndoles volver a verse. Orihine lloraba desconsolada la pérdida de su marido y rogaba a su padre que les permitiera verse al menos una vez más. Las lágrimas de su hija consiguieron ablandar el corazón del Rey Tentei y permitió que los amantes se vieran una vez al año, el séptimo día del séptimo mes, siempre y cuando ambos hubieran completado sus tareas.
Ambos esperaron el día señalado, trabajando duro para tener todo terminado; más, la primera vez que intentaron verse, se dieron cuenta de que no podían estar juntos, ya que no había puente por donde cruzar el río y el barquero mágico de la luna no podía ayudarles.
Nuevamente Orihine lloró desconsolada por no poder estar cerca de su amado, entonces una bandada de urracas que pasaba cerca se apiadó de ellos y con sus alas formaron un puente para que pudieran abrazarse. Las urracas prometieron volver cada año para formar el puente, siempre y cuando no lloviera.
Actualmente en Japón se celebra este día escribiendo deseos, algunas veces en forma de poemas, en pequeños trozos de papel de colores o tanzaku, y colgándolos de las ramas de árboles de bambú.

Terminado el festival, el bambú debe depositarse, junto con los deseos, en un río para que la corriente se los lleve al gran río celestial “Amanogawa” (La Vía Láctea). Si ese día no llueve, los deseos se cumplirán, ya que los personajes de la leyenda se habrán encontrado y a causa de su felicidad concederán los deseos escritos.

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