jueves, 27 de septiembre de 2012

Cuento de .UN PRINCIPE ENCANTADO Y UNA BELLA FLOR



UN PRÍNCIPE ENCANTADO Y UNA BELLA FLOR

Como en todo cuento que empieza………
Había una vez un joven y bondadoso príncipe llamado Ramiro, que era la alegría de sus padres y de los súbditos de su reino.

Nadie que lo conociera dijera que era un príncipe, pues como tal no se comportaba, siempre estaba ayudando a los aldeanos y si alguno estaba enfermo y era necesario, les trabajaba el campo sin ningún tipo de problema.

Ayudaba a ancianos, a necesitados, nadie en su reino sabía lo que era el mal vivir ni la pobreza.

Los niños le adoraban, muchas veces incluso se quedaba a cenar en cualquiera de las casas que le invitaran. El era feliz y los súbditos también

Su padre el Rey, jamás se interpuso en la vida y el buen hacer de su hijo. De pronto en todo el territorio empezaron a surgir problemas, pues en poco tiempo los saqueos de hordas de hombres a caballo, asolaron granjas destrozaron pueblos y empezaron a matar a sus gentes.

El rey Alejandro envío sus tropas para proteger a su pueblo, pero no siempre llegaban a tiempo, sobre todo en las zonas fronterizas con el reino vecino. Donde reinaba su enemigo eterno Gorzar, era temido por varios reinos pues su crueldad no tenia limites y los usos de magia para conseguir sus fines eran inagotables

Ramiro, hubo de dejar su vida tranquila y placentera junto a su pueblo para pasar a defenderlos junto a sus leales hombres, el también patrullaba las zonas para intentar frenar las incursiones de los bandidos. Solo en un par de ocasiones detuvieron el avance tras una feroz lucha y perdiendo varios hombres en la gesta.

El rey Alejandro opto por enviar a un emisario al rey Gorzar, para poder conjuntamente  erradicar a estos bandidos, y además averiguar si el también estaba siendo afectado por los ataques de estos salvajes, porque en realidad eso eran. No tenían piedad.
El emisario no regreso y temiendo que los bandidos lo hubieran atacado, envío una patrulla y al frente de ella iba Ramiro.

Tras unos días de camino llegaron al palacio de Gorzar, y solicitaron ver al rey. Se les atendió con todos los honores, pues les reconocieron de inmediato por los escudos reales y la misiva que portaban.

Al día siguiente Ramiro se entrevisto con el rey y le entrego la misiva de su padre. La leyó silenciosamente y su respuesta fue tajante, no les iba a ayudar, que se espabilaran con su problema. El no tenía la culpa, si a través de las montañas cruzaban tribus nómadas de otros reinos y en sus tierras no ocurría nada. Ramiro empezó a sospechar que realmente lo que pasaba es que el rey permitía esas incursiones mientras le pagaran y dieran beneficios de todo lo que pudieran llegar a tomar.

No dijo nada al respecto, por supuesto, pues no había ninguna prueba sobre ello. Fue invitado a quedarse unos días en el castillo y así lo hizo, pensando en que quizá pudiera obtener alguna prueba.
Lo que desconocía Ramiro era que Gorzar tenía una hermosa hija y que había desaparecido hacia ya un tiempo, y nadie sabía de ella.

Le llego la información charlando con los habitantes del palacio, y tratándolos de igual a igual, algo que el sabia hacer muy bien, pues surgía con total naturalidad
Se creía que había huido de palacio, pues odiaba a su padre porque llevo a su madre a la muerte, ya que era tan infeliz por la vileza de su esposo, que se quitó la vida. Ella nunca se lo perdono. Se llamaba Minerva.

Pasados unos días decidió quedarse un tiempo más, envió al resto de la tropa de regreso y solo quedo con él su más fiel amigo. Estaba seguro que Gorzar estaba detrás de las incursiones y debía obtener pruebas.

Así fue como un día desde sus aposentos, vio llegar un tropel de jinetes bárbaros y cuyo mandatario, paso a palacio, como si estuviera en su casa. Rápidamente intentó acercarse a la zona Sureste del palacio donde el rey tenía su sala de audiencias, y logro llegar a través de otros camino no convencionales, pues en el tiempo que estuvo en palacio se granjeo la amistad de diversos sirvientes, que le facilitaron el paso por pasadizos secretos del castillo. Cuando llego a la sala y tras la puerta escondida por un enorme crespón, entorno la misma y escucho lo que ya se temía. El rey en realidad no es que les permitiera el paso a través de las montañas, sino que les pagaba por ello.

Estaba intentando debilitar el reino, para así cuando llegara el momento oportuno atacar y quedarse con él, utilizando todos los medios a su alcance Ramiro palideció y quedo tan perplejo al escuchar todos y cada uno de sus planes, que regresó hacia sus aposentos, sin percibir que dejo muestras de que alguien estuvo allí, pues la puerta quedo abierta. Y en el rato el crespón se removió con el aire que recorrió el pasadizo al salir por el otro extremo del mismo Ramiro

Ramiro se apresuro a empaquetar sus pertenencias para partir lo más pronto posible hacia su reino, debía advertir a su padre de lo que estaba ocurriendo. De pronto en sus aposentos aparecieron soldados armados que tras apresarle le llevaron delante del rey.

Con una sonrisa de satisfacción en su cara, miró detenidamente a Ramiro, antes de romper a reír con gran estruendo.
Ramiro le miraba furioso intentando zafarse de sus ligaduras y teniendo solo en la cabeza la manera de escapar a ese tirano. Sentía que había sido un imprudente y debería haber regresado ya con su padre, y así estar allí cuando llegara el momento.
No entendía no obstante como lo había n descubierto.

Gorzar, al final dejo de reír y dirigiéndose a Ramiro, le dijo.

-¡Pensabas que soy tan estúpido como para no saber que tu estancia en mi palacio, no era otra cosa que el querer espiarme y conspirar contra mí!

-Solo que hoy has cometido un error que no podía dejar pasar, has llegado por los pasadizos hasta mi estancia, pero eres tan sumamente ingenuo que te has dejado la puerta abierta. Jajajajajaja.

Sus risas eran ensordecedoras y retumbaban en la cabeza de Ramiro como martillos.
Pensaba que si, realmente fue estúpido lo de la puerta, pero ahora debía intentar salir de allí, Su mente solo pensaba en ello, ¡Escapar!

- Vas a pagar cara tu osadía. Si has llegado hasta aquí ya sabes mis planes, así que ahora me obligaras a adelantarlos, pero es igual, estoy preparado para ello.
- Jamás volverás a tu patria, ni vivo ni muerto ¡Jamás!

Con un gesto sus soldados se llevaron a Ramiro a las mazmorras, donde le encadenaron totalmente imposibilitándole cualquier medio de huida.

Pasaron los días y apenas le daban agua para subsistir, por lo que realmente estaba muy débil.
Junto a él, estaba su leal amigo, que también fue tomado preso, pero Romualdo no tenía tanta suerte, a él ni agua le daban, y cierto día vinieron a buscarlo, solo pudo oír sus gritos agonizantes desde la celda, duraron horas, luego el silencio fue total.

Solo pensaba en su padre y en su pueblo, no sabía si habían empezado los ataques ni lo que su padre podría haber hecho al no recibir noticias suyas.

Cierto día Gorzar apareció en la mazmorra, total mente satisfecho y pregonando bien alto que su padre le había entregado el reino a cambio de su vida y que aceptaba partir para no volver jamás

- ¡Que ingenuo! Jajaja no entiende que no volverás con él. Hemos concertado un encuentro en el bosque de Robles mañana al atardecer. Así que mañana verás a tu señor padre. jajaja

Ramiro estaba furioso, como su padre podía haber renunciado al trono y a su reino por él sin plantar lucha. No lo entendía en absoluto.

Al día siguiente partieron hacia el bosque, Gorzar acompañado de sus leales guerreros
Y Mortiz el hechicero que le acompañaba a todas horas, y por supuesto Ramiro fuertemente atado y llevado en un carromato.
Llegaron al punto de encuentro, allí estaba el rey Alejandro acompañado solamente por un par de escuderos y sirvientes más un carruaje lleno de equipaje.
Así pues, el solo esperaba llevarse a su hijo y partir bien lejos, la vida de su hijo era lo primero. Luego ya intentaría buscar alianzas para reconquistar su trono.

Ramiro estaba enojado y miró a su padre con rabia contenida. Este por el contrario deseaba abrazarlo inmediatamente pero se contuvo. No quiso dar a Gorzar el placer de ver tal escena.

Gorzar se apeo de su montura y se acerco al rey Alejandro diciéndole.

- Veo que has cumplido tu promesa de venir solo sin soldados, y que llevas tu equipaje para partir.
- Como ves, yo también cumplo mi palabra te dije que hoy verías a tu hijo y que respetaría su vida. Jajaja.

Sus temidas risas volvieron a atronar en el bosque, y eso no presagiaba nada bueno, Ramiro lo sabía y temía.

- Pues bien aquí le tienes, pero no vendrá contigo, no le voy a dar la oportunidad de que en el futuro, pueda buscar alianzas y buscar mi derrota. Lo sé, pues yo haría lo mismo.
- Así que se va a quedar aquí mismo, y para siempre.

Inmediatamente los soldados rodearon al rey Alejandro, y otros bajaron a Ramiro de la carreta y tanto Gorzar como Mortiz, empezaron a utilizar todo el poder de la magia, recitando al unísono un conjuro en una lengua que Ramiro nunca había oído.

De pronto de sus pies empezaron a surgir raíces, sus piernas entumecidas dejaron de ser piernas para ir adquiriendo la forma de un tronco siguiendo por su cuerpo y de su cabeza empezaron a surgir enormes ramas llenas de hojas, se estaba convirtiendo en un árbol, en un Roble, uno más de los que formaban ese gran bosque. En minutos Ramiro como ser humano dejo de existir y paso a ser parte de la naturaleza.

El rey Alejandro estaba horrorizado al igual que sus lacayos y sirvientes y solo gritaba y apenas podía murmurar ¡No, no, no puede ser cierto!

Gorzar se dirigió a Alejandro, y le dijo:

- Ahora ya puedes partir, tu hijo vivirá mientras este árbol este en pié, si vuelves o intentas recuperar tu reino, este Abedul será talado.

Así pues el rey Alejandro partió abatido y llorando por no haber sabido salvar a su hijo de las garras de Gorzar y avergonzado, por dar prioridad a su hijo antes que a su pueblo.


El bosque quedo solitario, y con un nuevo habitante, un habitante que pese a ser un árbol, sentía.

Sentía como le azotaba el viento, como la lluvia le refrescaba, y los rayos de sol le acariciaban. También sentía como los pájaros anidaban en sus ramas que el intentaba hacer más gruesas para que sus nidos pudieran asentarse mejor.

Las ardillas trepaban por él y le hacían cosquillas, cada vez era más feliz, disfrutaba de su amiga la naturaleza. Al poco tiempo percibió todo su entorno y le sorprendió ver tantas flores en el bosque, pese a que en muchos rincones la luz del sol quedaba oscurecida por la frondosidad de los árboles.

Cerca de él, crecía un arbusto con una extraña flor que él no había visto jamás.
Era espectacular, totalmente blanca y resplandecía en todo momento, parecía que bailaba al son del viento. Y en ocasiones tenía la sensación que incluso sin que el aire la meciera bailaba para él. Por la noche su brillo se apagaba como una vela y la oscuridad les envolvían a ambos, solo en noches de luna llena, cuando un resquicio de luz se filtraba entre las ramas la veía relucir e incluso parecía que creciera y tomara baños de luna.

Y el tiempo transcurría, y los años pasaban y él. Solo esperaba el amanecer para volver a verla, pues jamás se marchitaba. Cierto día le pareció oír un murmullo como una canción dulce y melodiosa, no percibía por más que lo intentaba, saber de dónde llegaba, buscaba en la lejanía, pero era a sus pies que sonaba.

Blanca, como así la llamo le estaba cantando, ahora estaba seguro de que el amor que por ella sentía, era correspondido, pero como podía él amar a una flor.
El era un Roble, ya que de su vida humana apenas recordaba nada. Así que cada día se esforzaba para que sus raíces le llevaran hasta su flor amada.

Pasaron meses, el invierno les cubrió con un blanco manto, y el extendió sus ramas para protegerla del frío y de las heladas. Cada vez como por arte de magia estaban más cerca y ella seguía cantando y bailando para él.

Y llegó la primavera y las nieves se fundieron y aquel amor creció y tan grande era, que todos los animales del bosque acudían a sus pies, solo por verlos juntos.
Pues lo habían conseguido y uno junto al otro se acariciaban. Los pétalos de terciopelo se apretaban con dulzura al tronco y el bajaba sus ramas y con las hojas la acariciaba suavemente.

Un día de pronto se formo una tormenta muy violenta, los animales corrían despavoridos buscando refugio. El viento arreciaba feroz, arrancando plantas y rompiendo las ramas de los árboles, los riachuelos se convirtieron en feroces ríos arrasando todo a su paso y los truenos ensordecían y los relámpagos no tenían piedad.

Un Rayo les partió el alma, si, cayó sobre el Roble partiéndolo en dos y quemando todo lo que encontró en su camino. Tras él rayo, de pronto la tormenta amainó, y salió un hermoso sol que acarició de nuevo el frondoso bosque.
Los animales uno a uno fueron saliendo y pronto corrió la voz de que un rayo había caído y partido a los amantes.

Cuando los animales llegaron allí, aun se apreciaba una columna humeante que salía del árbol. Todos se miraron con tristeza. Pero en el claro que dejo la maleza quemada, había dos cuerpos abrazados con dulzura y que reían alegremente.

Ramiro ésta vivo, ya no era un Roble y la Flor Blanca, no era otra que Minerva, la hija desaparecida de Gorzal, pero se amaban, y ya nada importaba.

Y miraron a sus amigos los animales, los testigos mudos de su amor y les mostraron una gran sonrisa.
Los animales comprendieron que eran ellos, los amantes y alborozados trinaban los pájaros, las ardillas saltaban sin parar, ciervos, conejos, todos, todos sin excepción.
Celebraron ese amor.
Y aquí acaba esta historia de Príncipes y princesas encantados, donde al final el gran triunfador fue el amor. Y Os preguntareis,…………. ¿Volvió Ramiro a conquistar su reino, derroto a Gorzal? Pues amigos, he decidido que cada uno de vosotros le ponga un final.

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