jueves, 30 de agosto de 2012

LEYENDA DEL NEUQUEN Y EL LIMAY




LEYENDA  DEL NEUQUEN Y EL LIMAY 

Cuenta la leyenda que Neuquén y Limay eran hijos de dos caciques tribales que tenían sus reinos uno al norte y otro al sur. Eran grandes amigos y nada turbaba su leal camaradería, hasta que un día, en que cazaban juntos, oyeron una dulce voz que cantaba . Dirigiéndose hacia el lugar, de donde procedía,  hallaron a orillas de un lago a una hermosa joven mapuche de largas trenzas, ojos negros y talle esbelto y frágil, llamada Raihué (Flor Nueva). En viaje de regreso los dos jóvenes notaron que algo había cambiado en sus almas,  interponiéndose  en su antigua camaradería. Pasaron los días y ambas familias ante este hecho, decidieron consultar a  la "Machi" (Adivina) pora intentar comprender cuál era la causa del distanciamiento de los jóvenes que antes eran como hermanos.
Decidiendo  someterlos a una prueba, y  que el destino decidiera.  Preguntaron a Raihué qué era lo que más deseaba en el mundo a lo que contestó "tener una caracola para que me diga como es el rumor del mar". Los jóvenes entonces tendrían que llegar hasta el mar y traer una caracola, y el  primero que llegase
con ella, tendría el amor de la joven como premio. Consultados los dioses, convinieron que lo más rápido para llegar al mar sería convertir a los jóvenes en ríos. Así lo hicieron y partieron de sus respectivos reinos. El Espíritu del viento sintiéndose desplazado y celoso comenzó a intrigar a Raihué, susurrándole al oído por las noches, que Neuquén y Limay no volverían nunca más, pues las estrellas que se caen al mar se convierten en mujeres hermosas y encantadas que atrapan a los hombres y los encadenan en el fondo del mar...Raihué, angustiada comenzó a marchitarse de pena y dolor, mientras los jóvenes seguían su carrera salvando numerosos obstáculos. Cuatro días pasaron desde que los mapuches se marcharon y aún el mar estaba lejos. Raihué, mustia, marchita casi con un hilo de vida, haciendo un esfuerzo se arrastró hasta el lago donde conociera el Amor y alzando los brazos a Nguenechén (Dios) le ofreció su vida a cambio de la salvación de los jóvenes. A medida que rezaba sus pies se convirtieron en raíces que penetraron lentamente en la tierra, su cintura se afinó en verde tallo, su busto se esparció en tiernas ramitas y su boca se abrió en roja flor. El viento queriendo disfrutar del dolor de los jóvenes se lanzó a darles la noticia soplando con tanta furia que desvió el curso de ambos hasta juntarlos. Al enterarse que Raihué había muerto de amor por ellos, sólo atinaron a abrazarse fraternalmente y así, unidos en un abrazo que nunca terminará, continuaron su camino hacia el mar, llorando el luto de Raihué. Así nació, al juntar ambos sus márgenes, el río Negro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario