miércoles, 29 de agosto de 2012

LA FLOR DE IRUPE.


Añadir leyenda
LA FLOR  DE  IRUPE.


En las fértiles regiones del Alto Paraná,  cerca de las imponentes cataratas del Iguazú, puede verse en cierta época del año , flotando majestuosa sobre  las aguas, a una flor de los colores de la pureza y del corazón; blanco y rojo,  de exquisita fragancia: es la flor del irupé, nacida del arrepentimiento y del amor, según cuenta una vieja leyenda misionera.
Dicha leyenda dice así:
Morotí  hermosa doncella , por la que suspiraban todos los jóvenes de la tribu. Y Pitá  el más valiente,  fuerte y audaz de los apuestos guerreros que soñaban con tener su mano. Se amaban.
Morotí dominaba a Pitá con mil caprichos y coqueterías, complacida de saberse dueña de la voluntad del gigantesco indio.
Una tarde, a la hora del crepúsculo. Morotí y Pitá paseaban en compañía de otros jóvenes por la  orilla del gran río.
Y fue entonces que Ñandé Yara, el Gran Espíritu, decidió castigar  a la coqueta joven, como espíritu ,introdujo en su mente una desgraciada idea. Eh hizo que Morotí  quisiera demostrar ante sus amigos, el dominio y la sumisión que ejercía sobre su novio,  para lograrlo, se quito la hermosa pulsera que adornaba su brazo. y la arrojó  a la profundidad de las oscuras aguas. Luego, volviéndose a Pitá , le dijo: Tráeme ese brazalete. Pitá no se hizo rogar y se zambulló para recuperar el brazalete, sabiendo el lugar donde había caído, recuperarla  sería cosa de un instante, un  juego, y como tal lo tomó y se  lanzó sin vacilar a las aguas.
Durante algunos minutos, Morotí saboreó su triunfo, pavoneándose ante sus amigos. Pero pasó el  tiempo  y Pitá no aparecía. Poco a poco, el terror se apoderó de ellos, y comenzaron a llamarle a grandes gritos. Esfuerzo inútil, pues Pitá no volvió a la superficie. A Morotí  el dolor y el remordimiento se apoderó de ella. Por  su tonta vanidad, había perdido para siempre a su amado. A medida que pasaba el tiempo, Morotí se convencía que Pitá era retenido bajo

las aguas por alguna fuerza oculta, por I Cuñá Payé, La hechicera del río, que seguramente lo habría conducido prisionero a su palacio.
Con ese pensamiento , Morotí no vaciló más y decidió ir a salvar a su amado. Y antes que sus acompañantes pudieran intentar nada por impedírselo, la arrepentida doncella, loca de amor y coraje, corrió hacia la orilla y se lanzó a su vez a las oscuras aguas, que parecieron recogerla en un fatídico abrazo.
Toda la tribu se reunió en el lugar del hecho, y el gran hechicero de la tribu exorcizó las aguas para ayudar a vencer a las fuerzas misteriosas . Pero pasó la noche, llegó el día siguiente, y los enamorados no regresaron a la superficie. Cuando  el hechicero se declaraba vencido,  de pronto, ante sus asombrados ojos, se elevó a la superficie una magnifica, flor, una especie totalmente nueva. Era  tan hermosa como jamás había visto. Los pétalos del centro eran blancos como la pureza de la joven y bella niña guaraní, y los del borde color rojo como la ardiente sangre que circulaba por las venas del valiente Pitá. La flor se abrió como en un suspiro, y luego volvió a sumergirse, desapareciendo de su vista. Sin saber cómo, todos comprendieron de inmediato, que acababan de asistir a un milagro; que esa flor era el símbolo de las almas de los dos enamorados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario